Llave privada
El número secreto que le permite a alguien mover un saldo determinado de bitcoin o de dólares digitales. Lo único que la red verifica es una firma hecha con él.
Detrás de cada dirección de bitcoin, o de redes como Ethereum, hay una llave privada, también llamada clave privada: un número tan grande que no hay forma práctica de adivinarlo. De ella sale una llave pública, y de esa, la dirección a la que se manda la plata. Cualquiera puede buscar una dirección y ver su saldo, pero solo la llave privada puede mover lo que hay ahí.
Cuando mandás plata, tu billetera usa la llave para firmar la transacción, y la red verifica la firma. No verifica nombres, contraseñas ni documentos. Por eso una llave privada funciona como el efectivo: quien la tiene puede gastar, y nadie puede revertir un pago.
Pocas veces vas a ver una. Las billeteras guardan las llaves cifradas en el teléfono o dentro de un dispositivo de hardware, o las reconstruyen cuando hace falta a partir de una frase semilla.
Cuidar una llave quiere decir dos cosas opuestas a la vez: que nadie más pueda copiarla, y que nunca pierdas tu única copia. Cada forma de guardar bitcoin es un equilibrio distinto entre las dos.
Una llave privada no es una contraseña. Una contraseña la puede restablecer quien maneja el servicio. Una llave privada no la puede restablecer nadie.